La violencia de género es un tema que, últimamente, está muy presente en la sociedad. Actualmente, permanecemos en una alerta que preocupa, ya que cada vez son más los casos de mujeres, sobre todo, víctimas de malos tratos recibidos por parte de su pareja.
Queremos matizar, que el hecho de que ahora sean más los casos que salen a la luz, no quiere decir que antes no los hubiera. Es decir, las nuevas leyes que permiten o pretenden “proteger” a la mujer de estos actos, facilitan y empujan a las víctimas a denunciar los hechos con la “tranquilidad” de que van a ser escuchadas. Pero no en todos los casos es así. Muchas son las mujeres que son cuestionadas al presentar denuncias por maltrato y además de sufrir la violencia en la pareja, tienen que enfrentarse a la presión social que las señalan de “mentirosas” o “victimistas” desestimando la situación que están viviendo.
La adolescencia es una etapa complicada, llena de cambios, frustraciones y volcanes de sentimientos. Conocemos la expresión de “estar enamorada como una adolescente”, la cual hace referencia a vivir y sentir todo con intensidad. Y es por ello que queremos centrarnos en este colectivo, porque todavía estamos a tiempo. Porque los jóvenes son el futuro, y nuestra intención como profesionales es la de trabajar en favorecer un futuro mejor.
Consideramos que la educación en valores es imprescindible para formar personas con una fuerte personalidad que les permita afrontar todo tipo de situaciones, así como adaptarse a ellas y ser capaces de establecer los límites necesarios para que su persona no salga perjudicada. Dentro de esta educación, queremos destacar la importancia que tiene tanto el saber valorarse a uno mismo como saber valorar a los demás. Es ahí donde entramos nosotras. Nuestra intención es la de servir de “gafas” de estas adolescentes para ayudarles a ver la realidad tal cual es y no como ellas imaginan. Prestar herramientas para hacer frente a estas situaciones devolviéndoles su derecho a decidir. Acompañarlas en el proceso para que sepan que no están solas y que no tienen que tener miedo a tomar las riendas de su vida. Permitirles el hecho de sentirse escuchadas y comprendidas. Ofrecerles una relación de apoyo, basada en la confianza, sin miedo a ser cuestionadas y dejando que expresen sus emociones tal cual las sienten. Sobre todo eso. Dejar que saquen su esencia para conocerlas bien, saber qué hay detrás y en base a ello trabajar en la solución.
Queremos matizar, que el hecho de que ahora sean más los casos que salen a la luz, no quiere decir que antes no los hubiera. Es decir, las nuevas leyes que permiten o pretenden “proteger” a la mujer de estos actos, facilitan y empujan a las víctimas a denunciar los hechos con la “tranquilidad” de que van a ser escuchadas. Pero no en todos los casos es así. Muchas son las mujeres que son cuestionadas al presentar denuncias por maltrato y además de sufrir la violencia en la pareja, tienen que enfrentarse a la presión social que las señalan de “mentirosas” o “victimistas” desestimando la situación que están viviendo.
La adolescencia es una etapa complicada, llena de cambios, frustraciones y volcanes de sentimientos. Conocemos la expresión de “estar enamorada como una adolescente”, la cual hace referencia a vivir y sentir todo con intensidad. Y es por ello que queremos centrarnos en este colectivo, porque todavía estamos a tiempo. Porque los jóvenes son el futuro, y nuestra intención como profesionales es la de trabajar en favorecer un futuro mejor.
Consideramos que la educación en valores es imprescindible para formar personas con una fuerte personalidad que les permita afrontar todo tipo de situaciones, así como adaptarse a ellas y ser capaces de establecer los límites necesarios para que su persona no salga perjudicada. Dentro de esta educación, queremos destacar la importancia que tiene tanto el saber valorarse a uno mismo como saber valorar a los demás. Es ahí donde entramos nosotras. Nuestra intención es la de servir de “gafas” de estas adolescentes para ayudarles a ver la realidad tal cual es y no como ellas imaginan. Prestar herramientas para hacer frente a estas situaciones devolviéndoles su derecho a decidir. Acompañarlas en el proceso para que sepan que no están solas y que no tienen que tener miedo a tomar las riendas de su vida. Permitirles el hecho de sentirse escuchadas y comprendidas. Ofrecerles una relación de apoyo, basada en la confianza, sin miedo a ser cuestionadas y dejando que expresen sus emociones tal cual las sienten. Sobre todo eso. Dejar que saquen su esencia para conocerlas bien, saber qué hay detrás y en base a ello trabajar en la solución.
No hay comentarios:
Publicar un comentario